Sakaguchi vuelve a la carga con más RPG por turnos sobrecargado de drama y horas de juego. Deja de relamerte.
Inmortalidad y amnesia
La historia de Lost Odyssey gira en torno a Kaim, un guerrero inmortal y amnésico (qué amanosa la amnesia, oiga) que ha vivido nada más y nada menos que mil años, y que irá reconstruyendo su pasado mientras comprueba que no es el único ser inmortal de un mundo en el que dos naciones vecinas están a punto de embarcarse en un guerra de proporciones bíblicas. De hecho, bien prontito, Seth, otra inmortal, se le unirá para buscar juntos las respuestas de un buen puñado de inquietantes, existenciales y muy (melo)dramáticas preguntas, reclutando compañeros por el camino y viéndose arrastrados hacia un sindiós de conspiraciones políticas.
Hasta aquí todo muy clásico y, si se me permite, hasta manido. Y no es que Lost Odyssey tenga pinta, precisamente, de dirigirse hacia caminos inexplorados. Recordemos, no obstante, que se trata de un JRPG clasicón, y que la chicha no está realmente en el qué, sino en el cómo y, también, en el cuánto. A fi n de cuentas, los mismos personajes responden a arquetipos muy marcados del género: el prota reservado, atormentado y sombrío (aunque parece que conforme la historia avanza va adquiriendo dimensión), el sidekick bocachancla y verborreico, la compañera dura pero vulnerable, la reina autoritaria pero compasiva...
Con todo y con eso, en estas primeras horas de juego, Lost Odyssey nos ha sorprendido en cuestiones más prácticas, es decir, en el gameplay. Pese a la (impepinable) elección de la rígida y clásica estructura de combate por turnos, Sakaguchi y compañía introducen algunos retoques: en primer lugar, el asunto de los anillos: objetos que pueden encontrarse y también construirse y que permiten añadir bonus a los ataques cuerpo a cuerpo. La forma en que se consigue es lo interesante: al cargar nuestro personaje, si mantenemos pulsado el gatillo, aparecerá un anillo cerrándose sobre uno más pequeño. Si se suelta el gatillo en el momento correcto, se consigue un bonus: si la sincronía es perfecta, el bonus al daño será mayor.
Por lo demás, cada bando presenta dos líneas de combate, pudiendo elegir la formación y los integrantes de cada una (ya que la frontal hace las veces de escudo para la trasera), y afectando los diferentes ataques, hechizos y habilidades de forma diferente a cada una. Por supuesto, hay que tener en cuenta tiempos de reacción de cada personaje y tiempos de preparación de algunos hechizos, y, además, cada miembro del grupo puede llevar un accesorio (que incluso modifica su apariencia, ya sean gafas, pendientes, etc.) que ofrece mejoras o información vital sobre el enemigo.
Tan interesante como el combate (que entre habilidades, hechizos, guantazos y objetos resulta estratégicamente jugoso) es el sistema de aprendizaje de habilidades: cada personaje puede usar objetos que le permitan usar tipos de magia distintos, por ejemplo, pero además, los inmortales podrán aprender de sus compañeros humanos, creando un enlace hacia una habilidad concreta.
Hasta donde hemos podido ver, Lost Odissey es un juego de rol monumental, con un sistema de juego complejo e interesante, y una historia con intención y aproximación más madura (o seria, o impostada, elegid) que Blue Dragon, por ejemplo. Nos vemos en 40 o 50 horas...
Sospechosos habituales
Como ya hiciera con Blue Dragon, Sakaguchi, al frente de Mistwalker, recupera para Lost Odyssey a Noburo Uematsu para la banda sonora. Y nosotros que nos alegramos. Pero tal vez llama más la atención el reclutamiento de Takehiko Inoue, buen amigo de Sakaguchi y autor manga celebrado (Vagabond) para el apartado gráfi co.
En cinco líneas
RPG denso e hiperdramático, con sistema de combate por turnos y experiencia revisados.
Qué cuenta
Kaim es un inmortal que no recuerda nada de sus mil años de vida. Tras participar en una apocalíptica batalla, meteoro asesino incluído, comenzará la búsqueda de sí mismo.